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La primera fábrica de Guinness

Los orígenes

En 1756, a un tal Arthur Guinness, a la sazón treintañero (nació en 1725), le dio por comprar una pequeña fábrica de cerveza en Leixlip, ciudad al noreste del condado de Kildare, en la actual república de Irlanda. Fue la primera fábrica de Guinness. Tres años después, este emprendedor cervecero se largó a Dublín y dejó su negocio al cuidado de su hermano pequeño.

St. James Gate

Cuando Guinness llegó a Dublín no pudo adquirir más que un minúsculo taller de braceado en St. James Gate. El braceado en la elaboración de cerveza es un proceso industrial por el que se disuelve el azúcar y la dextrina del cereal tostado, la malta. Mediante esta técnica, ambos compuestos se convierten en glucosa. Pero no nos vayamos por los cerros de Úbeda. Porque el caso es que el bueno de Arthur se puso en poco tiempo al frente de una próspera empresa.

En diciembre de 1759 firmó un contrato de arrendamiento por ¡9000 años! a razón de 45 libras al año. Arthur se había venido arriba desde luego. Pensaba, y con razón, que la fábrica de Guinness tenía futuro. ¡Pero que mucho futuro! Además tenía sus propios planes para introducirse en la política local, que le daría también sus buenos emolumentos. Así le vemos convertido en gobernador del Meath Hospital y secretario de la Fraternidad de St. Patrick, institución que tenía la loable pretensión de acabar la insana costumbre de batirse en duelo. Algo impensable…

Ocho años después de su llegada a Dublín, Guinness había prosperado lo suyo. Era por entonces maestro de la corporación de cerveceros. Con el tiempo se convirtió en cervecero oficial de Dublin Castle, el centro de poder irlandés de la época.

La llegada de la cerveza porter

En 1770 llegaron a Dublín los primeras barriles de porter desde Londres, un tipo de cerveza fuerte y oscura. El éxito del nuevo brebaje fue inmediato entre los irlandeses. Tanto que los maestros cerveceros de la isla verde dudaron si adaptarse a los nuevos tiempos o mantener sus tradicionales ales. Guinness, siempre echado hacia adelante, olfatea negocio y sin dudar se lanza a fabricar la porter. En 1799 se produjo la última ale de su fábrica de St. James Gate. En adelante sólo se fabricará cerveza porter. Esta es la variedad cevercera que hizo mundialmente famosa a la fábrica de Guinness.

Cuando Arthur Guinness falleció, en 1803, su hijo Arthur Guinness II se hizo cargo del boyante negocio cervecero de la familia. En esos momentos la producción anual de cerveza de la empresa Guinness era de 20.000 barriles.

El negocio de la guerra

Y hete aquí que los conflictos bélicos siempre suelen ser sinónimo de negocio para algunos, y de muerte para los más. Pero para los Guinness las guerras napoleónicas supusieron un ingente beneficio. Pues fueron los principales encargados de suministrar cerveza en cantidades industriales a los ejércitos británicos desplazados al continente. Un oficial del ejército del Duque de Wellington, herido en combate, escribió en su diario: “Cuando me restablecí lo bastante, pude tomar algo de alimento. Recuerdo que mi principal deseo fue beber un vaso de Guinness… Y estoy seguro de que la cerveza contribuyó a mi recuperación más que cualquier medicina“.

Pero cuando Napoleón fue exiliado a la remota isla de Santa Elena, el redondo negocio de los Guinness se pegó un buen batacazo. En 1824 todos los fabricantes vendían menos cerveza que a principios de siglo. Todos redujeron sus costes de producción, rebajando el precio de las cervezas que comercializaban. Todos menos Arthur Guinness II quien, digno hijo de su padre, decidió huir hacia adelante. Se sacó de la manga una porter stout (algo así como porter “robusta”). El invento era de calidad superior a la cerveza de sus competidores. Y más densa y de mayor amargor, al incorporarla mayor cantidad de lúpulo.

La mayor fábrica de cerveza del mundo

Por entonces el gobierno británico vio la necesidad perentoria de apoyar al sector cervecero, fuente imprescindible para su fiscalidad. Además de ser una buena herramienta para combatir las destilerías clandestinas, que proliferaban a lo largo y ancho de las islas, y que eran una ruina, pues eludían como bien podían los impuestos. Guinness sacó provechosa tajada y se convirtió en el cervecero más importante de Irlanda. La fábrica de Guinness continuó prosperando.

A Arthur Guinness II le sucedió en 1855 su tercer hijo, Benjamin Lee Guinness. El tercer Guinness al frente del fructífero negocio cervecero hizo de St. James Gate la mayor fábrica, que se dice pronto, del mundo. La fábrica de Guinness es actualmente una pequeña ciudad dentro de Dublín. Y la Cerveza Guinness uno de los mayores imperios cerveceros del mundo. Y patrimonio nacional de Eire.

Por Diego Salvador Conejo

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