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La cerveza de la selva

La lucha contra la selva

Hace ya unos cuantos milenios que los habitantes del sudeste asiático comenzaron a ganarle terreno a la selva. La quemaron, la cubrieron de ceniza y procedieron a cultivar legumbres, hortalizas… y arroz. Sobre todo mucho arroz. Y con este cereal llegó la cerveza de la selva, que pierde a quien la consume. De forma temporal las más de las veces. De forma definitiva en ocasiones. Pues el que la toma es susceptible de perder la chaveta…para siempre…

Una parte no desdeñable de la cosecha de arroz se convierte en bebestible. Sí, porque como en otras partes de Asia (China, Japón…), el arroz se fermenta y se convierte en… ¡cerveza! La cerveza de la selva, de esa selva que ha sido domesticada y destruida en parte por el hombre para conseguir sus oscuros fines. Pero que a poco que te descuides, te vuelve a tragar…

Diferentes cervezas de la selva

Este brebaje es pieza fundamental en las ceremonias de acción de gracias a los dioses de los pueblos del sudeste asiático. Y para honrar al exigente espíritu del arroz, ingrediente básico de la alimentación humana por estos vastos pagos. La cerveza de la selva adquiere nombres diversos según el pueblo que la fabrica para consumo propio. Y a fe que se toma en ingentes cantidades con efectos no demasiado recomendables. Se denomina topaï entre los joraïs, remoto pueblo que vive en las tierras altas del centro de Vietnam. Para los srês, es el tornôm. Rnööm lo llaman los mnongs (grupo étnico de Vietnam y Camboya), vino möi en Tailandia o pachwaï en el noreste de la India.

Vemos como los pueblos del sudeste asiático, antaño (y a veces hogaño) selváticos, no sólo se han comido la selva, sino que también se la han bebido, en forma de cerveza de arroz, entre otros mejunjes. Pero para transformar ese espacio selvático en cultivos adecuados al consumo humano, se ha tenido que trabajar mucho. Y muy duro. Esas tareas esenciales han venido acompañadas de numerosos rituales y sacrificios durante los cuales la venerada cerveza ha vinculado (y vincula) hombres y espíritus propicios.

La ofrenda de la cerveza de la selva, de la cerveza de arroz, al espíritu correspondiente es la señal del inicio del ciclo agrario. La cerveza se elabora con los excedentes del año anterior y con sus libaciones, se ruega al espíritu del arroz que sea benevolente con la nueva cosecha que está por venir.

Estados de enajenación mental y ensoñación

Los moïs son habitantes de la selva que los civilizados moradores de la costa tailandesa califican de “salvajes”. Los miembros de este pueblo consumen cerveza a espuertas, pues cualquier celebración o ritual, y tienen muchos, es motivo para darle al bebercio. Ellos no conciben su vida sin su preciada cerveza de arroz. Y toda la comunidad, hombres, mujeres y niños, la consumen con alegría y desenfreno hasta alcanzar el estado de ebriedad. Con la embriaguez colectiva se olvidan momentáneamente las penalidades de estos pueblos cuyas aldeas son fronterizas con la  selva. Que amenaza todos los días con tragarse aquellos paupérrimos asentamientos humanos.

Pero estos estados provisionales de enajenación mental producidos por la abundante ingesta de la cerveza de la selva no son suficientes para aguantar la despiadada vida cotidiana de estas etnias. Necesitan efectos más perdurables para afrontar sus rudas condiciones vitales. Para poder “hacer el viaje hacia la selva” o “marchar hacia la selva“, necesitan el poder mágico de plantas que hacen soñar. El poder narcotizante de determinados tubérculos y cortezas. Esta necesidad se convierte entre los joraïs en una ciencia particular de ensoñación.

Las mujeres joraïs fabrican el topoï, el fermento de cerveza, Y el joräo, una mezcolanza de plantas ralladas, molidas y machacadas que se amasa con el cuajo del topoï. Cuando se consume la mezcla de ambos productos, se obtiene el bendito poder del olvido, del exceso y de la superación. La cerveza mezclada con drogas narcotizantes y/o euforizantes posee eficacia probada. En Occidente lo sabemos bien. Después de una noche de borrachera, se bendice a las mujeres por haber producido una buena cerveza de la selva. Una cerveza que ha permitido a quienes la ingieren perder la cabeza y “marchar hacia la selva”.

En tierras de la India

En las tierras indias de Assam, Orissa y Bengala, de nuevo son las mujeres las que preparan el bebercio del olvido. O la cerveza de la risa. Es el pachwaï, un tipo de bebida confeccionada a partir de arroz descortezado, blanqueado y cocido al vapor. También a la base arrocera se le añade aquí hierbas y hojas molidas de efectos estupefacientes, que proporcionan su particular aroma a la base cervecera. Para que el lector se haga una idea de lo explosiva que puede llegar a ser la mezcla, una de las plantas añadidas es el cannabis sativa, en su nombre científico. ¡Menuda bomba! Y es que desde que el hombre es hombre ha utilizado todo tipo de sustancias para olvidarse de la triste realidad que le ha tocado vivir.

Alucinaciones en Indochina

En algunas zonas de Indochina, para superar esa mezcla de atracción y miedo a la selva, se utilizan también esas curiosas mixturas de cerveza y drogas alucinógenas. Debido a los efectos, muchos pierden la identidad y quedan sumidos para siempre en la locura de la lujuriosa vegetación autóctona. De estos poseidos por el espíritu de la selva se dice aquello de que “la cerveza les ha hecho mal“. Mi padre decía algo parecido: “ese tío tiene mal vino”.

Así que cuidadito con lo que os dan a probar si visitáis aquellas inhóspitas regiones del sudeste asiático. La cerveza de la selva no es una birrilla suavecita que se pueda tomar a la ligera, como quien se toma un refresco. Porque puede tener efectos muy perniciosos, y no de forma temporal, como ocurre en Occidente. Que con la selva no se juega. Por eso parece que algunos se empeñan en destruirla per seculam seculorum. Lo que puede resultar todavía peor para la existencia general de la vida de esta santa Tierra que tan poco cuidamos.

Por Diego Salvador Conejo

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