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Guerreros borrachos bailando

La ebriedad del guerrero

La ebriedad del guerrero o lo que es lo mismo, guerreros borrachos bailando. Bárbaros europeos danzando alocadamente al son de los tambores de guerra, animados por la cerveza. Porque en toda la Europa bárbara, desde el Neolítico, en todo lugar donde se cultive cebada o similares, se fabrica, por narices, cerveza.

La primera fuente escrita referida a la fabricación de la cerveza se encuentra en el país de Sumer, al sur de la Mesopotamia. Pero hay otra reseña en nuestro continente, en lo que actualmente es Dinamarca. No es escrita, no, pero por aquellos pagos se ha encontrado un recipiente de corteza cosida con restos de primitiva cerveza, pues como tal debe considerarse una bebida fermentada a base de cereales, miel, bayas y mirto.

La cerveza en la Edad del Bronce europea

Estamos en el año, uno arriba, uno abajo, 1500 a.C., en plena Edad del Bronce. Y hace un frío del carajo, tanto, que los nórdicos habitantes de la zona se ven obligados a buscar latitudes más cálidas. Colonizan lentamente las actuales Alemania, Holanda y el norte de Francia. Y no parece que lo hagan demasiado en son de paz. Como guerreros borrachos bailando al son de danzas guerreras. Pues es posible que los pueblos protoceltas y celtas “salgan de najas” y ocupen las Islas Británicas. Irlanda incluida.

A pesar de los jaleíllos, todos los pueblos de centro y norte de Europa comparten la cultura de la cerveza con entusiasmo. Ya sean escandinavos, germanos, celtas… Todos se juntan en fiestorros de guerreros borrachos bailando a la luz de la luna y de las fogatas. Como Asterix y Obelix. Y empiezan a desvariar. Porque es una bebida de guerreros, que circula por los gaznates de estas gentes violentas desde la Península Ibérica al Vístula, o del Báltico al Adriático.

Donde la cerveza no parece gustar demasiado es en las refinadas ciudades-estado de la Grecia clásica y del sur de Italia y Sicilia, donde el vino, aguado o sin aguar, es dueño y señor. No obstante, estas tierras no dejan de ser también un solar de guerreros borrachos bailando, pero a los compases de la flauta dionisíaca. El resultado es el mismo. Alegría, mucho desvarío y matanza cuando se tercia.

La cerveza, bebida de guerreros

Pero hablamos de cerveza, ¿no es cierto? Para las tribus nórdicas, la cerveza es bebida de guerreros, y aún más: es un trofeo de batalla entre los gigantes y los dioses, ávidos de sangre humana… y de cerveza. Pero también es signo de prosperidad, pues cada vez que hay excedentes de cereal, que de vez en cuando ocurría, se fabrica cerveza a mansalva para honrar a los dioses.

Durante la guerra, se cuenta que las valquirias y sus homónimas germánicas escancian cerveza a los bravos y asilvestrados combatientes, que a base de tanto darle al alpiste, se convierten en guerreros borrachos bailando, combatiendo, matando y muriendo en aras de quién sabe qué ideales o botines.

Gracias a la borrachera, a la ebriedad, la ingestión de líquidos fermentados pasa a convertirse en torneo de bebedores y a veces hasta en un juego mortal. Porque es muy fácil el tránsito de la cerveza a la muerte.

Asuntos de familia

Cuántas historias de banquetes desbocados, donde corre la cerveza como río caudaloso, no acaban en una matanza sin cuento llevada a cabo por los que invitan o por los invitados. Como en Juego de Tronos.

¡Cuántos asuntos de familia no se han visto zanjados en un sangriento banquete donde la cerveza ha corrido a raudales! En el ciclo germánico de Sigfrido (o Sigurd) y los Nibelungos se narra la venganza de Gudrun, que hace beber a Atli la sangre de sus hijos mezclada con cerveza y servida en sus propios cráneos. Un angelito, la tal Gudrun, otras veces conocida como Brunilda.

Este tipo de historias temebundas de comilonas mezcladas con sangre y cerveza son muy características de las sagas noruegas e islandesas. Los protagonistas son guerreros borrachos bailando, con “tan mal vino”, que llega un momento en que pierden la cabeza (algunos literalmente) y se lían a mamporrazos y hachazos con el vecino de al lado.

En estos eventos, el cuerno de beber es uno más, o quizás el protagonista máximo. Tiene grabadas runas enrojecidas con sangre y pasa de mano en mano. El susodicho cuerno confiere a la cerveza un carácter sagrado que el oficiante del festejo consagra a Thor, Odín o Loki, un acto del que participan todos los presentes.

Los vikingos y la cerveza

Ya en época cristiana, los vikingos, aquella brutal mezcla de aventureros, comerciantes, navegantes y guerreros inmisericordes, surcan los mares en sus veloces drakkares hacia las Islas Británicas, Francia y el Mediterráneo. Y lo hacen cargados de un montón de barriles bien repletos de cerveza de su tierra, aquella que les confiere el valor necesario para no retroceder jamás y morir si es preciso para entrar en el Walhalla como es debido, con un buen cráneo o un cuerno de cerveza en una mano y una bien afilada hacha goteando sangre en la otra.

Pero todo tiene su fin, y los sanguinarios nórdicos se han convertido al cristianismo hacia el año 1000. A pesar de ello, los pueblos nórdicos continúan prefiriendo la cerveza al vino meridional. La cerveza del guerrero se va transformando en bebida de uso doméstico. Los tiempos de los guerreros borrachos bailando parecen finiquitados o adormecidos. Lo que no quiere decir que la violencia no exista. Pues desde que el hombre es hombre, la violencia existe,. Y en ésas seguimos…

Por Diego Salvador Conejo

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